jueves, agosto 26, 2004

Las naves de locos


A últimos del siglo XV Alemania contempló cómo la suerte de los locos cambiaba en cierto número de ciudades. Las célebres Nartürmer, los paseos y excursiones de locos, existían un poco durante toda la Edad Media en los recintos fortificados. En 1460, en Nuremberg, una fortificación, la Narrenhaüslein se dedicó especialmente a ellos. En Francfort-sur-le Main, se beneficiaban de una sección especial en el hospital.
En 1528, en Brunwik, algunos dementes fueron admitidos en el hospital Beatae Mariae Virgins; al fin del siglo XVI se anexionaron al hospital algunas cabañas para los locos, mientras que los dementes más tranquilos vivían con el resto de la comunidad. En Wurtzbourg, en 1576, el príncipe-obispo Julius, especifica que no debe excluirse ninguna clase de envermedad en el hospital que él había fundado. Los locos fueron entonces admitidos en las salas abovedadas de la planta baja que les habrían de servir de alojamiento durante tres siglos.
Al final de la Edad Media y al principio del Renacimiento, el exilio de los dementes fuera de los muros de las ciudades o en el interior de los hospitales se prolongó aún más con su embarque en las famosas naves de locos.
Embarcados en los ríos de Renania y de Bravante, los llevaban de una ciudad a otra y los desembarcaban dependiendo de dónde amarrase la nave. En Francfort, en 1399, un loco que se paseaba desnudo por la ciudad fue embarcado por los marineros; en los primeros años del siglo XV se expulsó de la propia Mayence a un loco criminal. Por todas partes e impulsados por el miedo la gente comenzó a expulsar a sus locos de la ciudad hasta hacer de sus hábitat lugares hasta cierto punto aceptables para vivir. El final de las cruzadas para la víspera, trajo consigo además de una considerable cantidad de guerreros, nuevas enfermedades y otras no tanto, como la lepra que rápidamente comenzaron a propagarse entre la población.
Como consecuencia, muchos leprosos fueron separados de sus familias y enviados a las afueras de la ciudad, a los espacios donde convergían con los locos, todos convertidos en los olvidados de Dios, tomando en cuenta la religiosidad de la época.
Lo que hoy me tiene cavilando, es que, cuando salí a caminar por la mañana y ya después rumbo al trabajo, me encontré en las calles de la ciudad, una buena cantidad de deschavetados, algunos tirados en el piso, otros caminando sumamente apresurados y vociferando no sé en qué extraños idiomas. Otros más, permanecían tranquilos mientras los de allende procuraban encontrar algo de comida en los botes de basura de los establecimientos de la zona centro de la ciudad.
Extraño es el progreso, este avance iris discente de la civilización, que ahora nos permite el regreso de los guerreros, el retorno de los genios a casa.
(Con información tomada de La Locura a través de los Siglos, Michele Ristich de Groote)

2 comentarios:

Susana Aparicio dijo...

jajaja... me han gustado tus elucubraciones, y es cierto, las ciudades son aveces como los seres humanos, incomprensibles en sus preferencias...

Un saludo desde Asmterdam!

diminui dijo...

hola zerk, te he visto en el chat d ela sardina y hoy x fin en tiempo efímero le he dedicado a tu blog. es bueno.
para la locura, lo mejor que recomiendo es "historia de la locura" de Michel Foucault.
hoy por hoy los locos andamos sueltos, a los que encierran es a los cuerdos, los encierran en traje y corbata o altos tacones y uñas postizas.
nosotros los locos nos encerramos por gusto en un mundo de 4x4 que te hace engordar y utilizar anteojos amarillos.
:)