martes, agosto 31, 2004

Espectros que permanecen


"Era un niño que estaba jugando afuera de su casa y cuando salió su mamá a verlo, enojada le gritó: ¡Niño, no juegues en la tierra!... y el niño se fue a la luna".
En algún momento de la borrachera, cuando los vacíos se hacen más insondables o simplemente por decir alguna palabra para que la lengua no se me quede pegada al paladar, suelto el chistorete anterior, que no sé por qué demonios, pero me sigue provocando la risa.
Tal vez sea porque fue hace más de la mitad de mi vida cuando mi amigo Ricardo, entrañable compañero en la secundaria me lo contó por primera vez y desde entonces se ha convertido en una parte de mi parlamento, como muchas de las situaciones que permanecen en los lugares que por etapas de mi vida solía frecuentar.
Esto viene a colación porque ayer por la mañana, por cuestiones indirectas de mi trabajo, tuve que regresar a la que por un lustro fue la escuela donde tomé los estudios profesionales. Caminar por los pasillos de la facultad por nueva cuenta, no vino más que a reanimar mi aversión por los espacios educativos.
Toda una parafernalia de embuste y falsa procuración sobre la estética del arreglo personal tiene su epicentro en estos tugurios del conocimiento, en el que las generaciones recientes solamente ocupan los pupitres para tener una ocupación y que en sus casas no los pongan a trabajar.
Al menos así es como lo observo en el caso de la carrera de Ciencias de la Comunicación, en la que no existe un mayor futuro para los posibles aspirantes a ocupar un puesto dentro de los distintos medios de comunicación, ya que las plazas se encuentran muy limitadas y en las que por lo general, se sufre para conseguir una chamba.
Pero bueno, no era mi intención echar grilla sobre ese tema, sino recordar aquellos años de escuela, las imágenes que para quienes las viven en el instante se sienten como inéditas, pero para quienes tenemos que recurrir a ellas, nos damos cuenta que son las mismas que continuamente se están repitiendo.
Actitudes, poses, estereotipos de galanes, falsas modelos sintiéndose en las pasarelas europeas que van y vienen por las escalinatas, frases despectivas para nombrar alguna clase o profesor, son de las chuladas que me encontré ayer por la mañana.
Eso me hizo transportarme hasta10 años más atrás del tiempo universitario, a la época de la educación elemental, cuando los chistes de borrachos, de animales, de extranjeros eran la supuesta novedad entre los chamacos y se buscaba ser popular mediante tales artilugios.
Tiempos de escribir en la banca "putos los de la tarde" y a su vez, encontrar la respuesta inmediata con el "putos los de la mañana", "puto yo" entre otra infinita cantidad de frases que seguramente han de permanecer en las aulas de nuestras escuelas.
Todavía guardo mis dudas sobre el verdadero sentido de la educación, pero estoy seguro que de las falsas enseñanzas que mejor se nos van quedando son esta especie de fantasmas, tan diáfanos como inocentes que llevaremos por siempre en el recuerdo. Probablemente algún niño estará contando el chiste de la luna a estas horas, probablemente...



2 comentarios:

luisa dijo...

Tu post me remite a un sueño que tuve en la infancia, y el cual es el recuerdo más nítido de esa etapa de mi vida. Día de verano, 5-6 años, pastizales y yo adentro de una acequia con agua clara nadando, un sol que lo bañaba todo. Un pequeño puente que cruzaba la acequia.
Casi puedo sentir la brisa que mueve al pastizal, lo ondea...
En fin. Tenga buena semana. :)

Julio dijo...

Quihúbole, Zerk. A mí me dio risa el chiste. Y estoy de acuerdo con lo de la educación. Saludos