Don't Cry
Momento de receso en la redacción. Salir a fumar un cigarrillo y soportar por unos minutos el cierzo que ahora parece venirse en serio contra nuestros rostros. Regreso al cubículo relajado e indiferente ante la falta de ideas para continuar con el especial de una sección comercial que me fue encomendado.
En la iTunes Axl Rose se empeña en desgarrarse la garganta con su interpretación de Don't Cry, ajusto mi cinturón y me adentro en ese viaje por los años preparatorianos, cuando buscábamos la manera de falsificar las cartillas militares para entrar a los antros de mala muerte.
Tiempos en lo que uno se encontraba a cargar siempre con una billetera vacía aunque, paradójicamente no faltaba nunca donde encontrar quién te ofreciera una cerveza.
Era la temporada del encanto y la fascinación con el yo. Estruendo al ego, el menor indicio de acné. Estrepitosa caída si recibías un "no" de la chica que te gustaba al invitarla a bailar. Elevación, de regreso a la estratosfera con sólo cambiar el curso de la mirada.
Lapso de reposo a la reflexión para darle rienda suelta a la lasciva. Historias de amantes imaginadas, juegos verbales que apostaban más al adolescente incauto que al amante experimentado que pretendíamos ser.
Primeros vestigios de un cabello que añoraba enmarañarse con el viento. Días como dudas al atardecer cayendo sobre los libros. Ritmo cosmodemónico de nuestros pasos que iban al alcance de nuestros pasos.
Convicción por el fracaso, rechazo total de la verdad establecida, hambre de un animal naciente. Conocimiento como pérdida de la voluntad, como un ejercicio de la mente que juega a ignorar la razón. Habla del espíritu hipotecada ante el hedonismo abstracto del cambio generacional.
Axl Rose ya dejó de cantar, me pide que no llore, pero los recuerdos son demasiados para permanecer como una sombra de mi propio olvido.
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